El sol se filtraba entre las cortinas pesadas de la habitación, dorando los bordes del desorden. La blusa de Alina en el suelo. Su reloj en la mesa. Los cuerpos enredados, aunque él ya no dormía.
Kilian estaba despierto desde hacía rato. La mirada fija en el techo. Agotado, sí… pero no por falta de sueño. Su mente no le había dado tregua desde que ella pronunció esas palabras la noche anterior:
"Solo tienes que fingir tu muerte."
Casi parecía fácil cuando lo decía ella. Frase tras frase, como s