Céline caminaba en círculos en la sala de espera del Ministerio Público. No había dormido en toda la noche. El silencio de la oficina, interrumpido por el zumbido del reloj de pared, le parecía insoportable.
Detrás de esa puerta, Leona estaba interrogando a Dorian Zeller junto al fiscal del caso. A Céline no la dejaron entrar. "Es un procedimiento confidencial" le dijeron. Pero eso no bastaba. No para ella. No cuando la verdad ardía tan cerca.
Su dolor ya no era tristeza. Era rabia conten