La mañana comenzaba a filtrarse con timidez por las ventanas del hotel, y Céline todavía sentía en la piel el calor del abrazo con el que Matthias la había sorprendido al amanecer. Después de la emoción inicial y unos minutos envueltos en sonrisas y caricias silenciosas,comenzaron a desayunar.
Desayunaban en la cama, entre sábanas desordenadas y el tenue resplandor que se colaba por las cortinas. Céline estaba recostada sobre el regazo de Matthias, su cabeza apoyada en su muslo mientras él, co