El auto se deslizaba lentamente por las calles adoquinadas de Florencia. Céline iba en el asiento trasero, la cabeza apoyada contra el vidrio mientras observaba, fascinada, los colores cálidos de la ciudad, la arquitectura de otro tiempo y el pulso vibrante que latía en cada esquina.
El viaje había sido largo, pero al menos silencioso. El chofer que la esperaba en el aeropuerto era un italiano de acento musical y sonrisa tímida, que hablaba un francés bastante decente. Mientras avanzaban por l