El domingo durmió casi veinticuatro horas.
Le pregunté a mi tío si eso era normal y me dijo que sí.
Así que comí y vi televisión mientras esperaba.
Hablé con mi padre.
Parece que Mattia lo tiene muy actualizado sobre mi vida… y sobre Dante.
Ningún mensaje de Renzo ni de Emilia, lo cual me pareció raro, pero preferí no saber más.
Suficiente tengo con mi vida como para meterme en la de los demás.
A las tres de la mañana, cuando el sueño aún no llegaba, escuché ruido en la cocina.
Salí… y ahí estaba Dante, comiendo.
Ya se había comido unos tres chocolates.
—¿Cómo estás?
—Aurora… —dijo, asombrado, mirando a todos lados—Yo… ¿No te habías ido?
Aún no aparecía “él”.
—Nope. Soy tu niñera —cogí un chocolate y empecé a comer—.
¿Quieres algo?
Estaba comiendo cereal.
Me senté a su lado, viéndolo comer en silencio un rato.
Este silencio no era incómodo, así que decidí comer con él.
Se quedó mirándome, sorprendido por mi actitud.
—Vamos a tener que hablar de esto, ¿no? —preguntó.
—Si no qui