Estaba terminando de bañarme cuando se abrió la puerta del baño y entró un Dante totalmente desnudo. Me quedé helada, recorriendo cada centímetro de su cuerpo, en especial su notable erección, que parecía reclamar toda mi atención sin pudor alguno.
—¿Qué haces? —pregunté, apenas recuperando el aire.
—Pensé que era una estupidez que estuvieras en mi casa, bañándote… y que yo no estuviera admirando esa belleza —dijo, recorriendo mi cuerpo de abajo hacia arriba con una lentitud calculada, detenién