Cuando llegamos hasta la recámara, el aire parecía más denso, como si cada uno de ellos lo cargara con su presencia.
Pavel fue el primero en moverse cuando entramos, su mirada fija en mí con esa intensidad que me hacía contener el aliento. Se acercó con calma, sus dedos rozando la tela de mi vestido de novia como si analizara la mejor forma de deshacerse de él. No hubo prisa, no hubo palabras. Solo la sensación de su tacto recorriendo mis brazos, bajando con lentitud hasta mi cintura.
—No tiene