En su oficina, rodead,o de pantallas de monitor resplandecientes, Iván observaba el perfil de un hombre mucho más peligroso que un simple admirador secreto. El informe de inteligencia que llegaba al dispositivo de Iván confirmaba la identidad del hombre que había enviado al explorador a la fiesta de compromiso: Stefan "Drogo" Vasilescu, un cabecilla rumano del tráfico de personas.
Iván se desplazó por los datos. Dos meses atrás, Drogo había protagonizado un escape dramático de una prisión de