Anna había regresado a la residencia de su padre hacía una semana, sentándose con su "familia" cada noche para cenar. Aún no lograba acostumbrarse a la rutina; cuando vivía allí anteriormente, nunca se le permitió estar en la misma mesa que las tres personas que ahora la rodeaban. Su silla se sentía como un lecho de clavos, dándole ganas de salir corriendo del comedor antes siquiera de tocar la comida. De vez en cuando, captaba las miradas de Nathalie y Amelia, quienes no hacían el menor esfuer