Capitulo 3

El sol de la mañana apenas lograba colarse por la única ventana del pequeño loft de Karen. No era un palacio, pero para ella era su fortaleza; su pequeño logro aunque fuera alquilado. Karen tarareaba una canción de Chino y Nacho mientras volteaba la arepa en el budare improvisado que había logrado comprar en un mercado de pulgas.

—¡Eso es, mi reina! Doradita como a mí me gusta —dijo, dándole una palmadita a la masa caliente.

Se preparó un café fuerte y con poca azúcar, y se sentó a desayunar. Antes de dar el primer bocado a su reina pepiada, tomó su celular. Eran las seis de la mañana en Londres, lo que significaba que en Venezuela aún era de madrugada, pero sabía que su mamá siempre estaba despierta.

—¡Hola, mami! —dijo Karen en cuanto aceptó la videollamada. Su rostro se iluminó con una sonrisa viva y audaz.

—¡Mi muchachita! ¿Cómo estás? ¿Te estás alimentando bien? —la voz de su madre sonaba cansada, pero llena de amor.

—Mejor que nunca, mamá. Mira, ¡hice arepas! No quedan igualitas a las tuyas, están un poco torcidas, pero resuelven. ¿Cómo sigue mi papi? ¿Se tomó los medicamentos que le mandé?

—Ahí va, con su tos, pero gracias al dinero que mandaste el mes pasado pudimos comprarle el jarabe que no le gusta —respondió su madre.

A Karen se le hizo un nudo en la garganta. Extrañaba los abrazos, el bullicio de su calle y hasta el calor sofocante del Parque Morrocoy. Pero se tragó las ganas de llorar; ella era el pilar de esa casa a miles de kilómetros de distancia.

—Dile que se porte bien o voy para allá y lo pongo en cintura —bromeó Karen, soltando una carcajada—. Los amo mucho. Tengo que irme al trabajo, ¡chao!

Al colgar, Karen suspiró y le dio un mordisco a su arepa. De repente, una punzada aguda en el vientre bajo la hizo encogerse.

—¡Ay, caramba! —se quejó, soltando el aire de golpe—. ¿Y este dolorcito ahora? Seguro es el café que me cayó pesado.

Se sobó un poco la zona, pero el malestar persistía. En ese momento, la puerta del loft se abrió y entró Ava, su vecina y única amiga de confianza, quien siempre pasaba por ella para ir a la cafetería.

—¿Lista para otro día de servir capuchinos a gente amargada? —preguntó Ava, notando que Karen tenía una mano en la barriga—. ¿Qué te pasa? Tienes cara de que te comiste un limón.

—Nada, chama, no exageres mucho con eso, es solo un malestar.

—Karen, llevas días quejándote de lo mismo. Deberías revisarte —le advirtió Ava.

—¡Qué va! No tengo tiempo para enfermarme, Ava. El que se enferma no factura; además, como dice Shakira, las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan —dijo Karen soltando una risita traviesa mientras se ponía su abrigo—. Seguro es una tontería. Como dice mi abuela, con una pastilla o un guarapito de malojillo con toronjil se me quita. ¡Vámonos, que se nos hace tarde y el jefe nos va a poner a limpiar el piso con un cepillo de dientes!

Ella solo queria cumplir su metas, su sueños, poder salvar a sus padres, para ella su vida se resumen en trabajar, al pricipio para ella estas calles de london siendo frias, no era comparado a su pais, verse obligada a prender el idiomas y adaptarse a sus costumbres no fue facil, sin embargo conocio a ava su amiga y compañera

Karen salió del loft. Iba bromeando con Ava sobre los clientes guapos que verían ese día, ignorando por completo que esa "tontería" en su vientre cambiaría su vida. Ella solo quería llegar a su turno, contar unos chistes y seguir ahorrando para su familia. No sabía que el destino ya le había preparado una jugada que ninguna arepa podría curar.

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