La mansión Mason guardaba muchos secretos, pero el que estaba a punto de nacer en el despacho privado de River era, quizás, el más inesperado de todos. Tras la gala en el Museo Británico, River no había podido sacarse de la cabeza la voz de Karen. No era solo la belleza de su tono, sino la fuerza con la que escupía aquellas palabras rápidas y rítmicas que lo dejaban siempre en desventaja.
Eran las once de la noche. Karen ya dormía, vencida por el cansancio del embarazo, pero River estaba despie