La mañana en la mansión Mason amaneció fría y gris, como de costumbre en Londres. Karen se despertó sintiendo ese vacío en el estómago que ya conocía bien, pero esta vez, al abrir los ojos, no encontró a una enfermera con un batido verde. Encontró una pequeña nota sobre la mesa de noche, escrita con una caligrafía impecable y autoritaria: "Baja a la cocina. No es una orden, es una invitación. R.M."
Karen bufó, arrugando el papel.
—¡Mire este atrevido! "No es una orden", dice... ¡como si yo no su