—Señor, he traído el informe que solicitó —dijo Díaz mientras entregaba los documentos a Felipe.
Me quedé paralizada en mi sitio; de pronto, una inquietud se apoderó de mí, temiendo que Díaz pudiera malinterpretar la situación, cuando en realidad yo no había hecho nada incorrecto.
—Bien, gracias —respondió Felipe sin rodeos.
Díaz no dijo nada más; se despidió de inmediato y se retiró de la oficina.
Felipe me observó mientras Díaz salía de su despacho.
—Parece que ha malentendido algo —comentó.