El bebé fue llevado ante mí por uno de los hombres de Felipe. Nos encontramos de nuevo, y mi cuerpo llegó a temblar al verla. El bebé que se había convertido en la causa del final de mi relación con Felipe; el bebé por el que fui malinterpretada y reprendida por Matteo; el bebé que siempre lloraba cada vez que me veía.
Sofía dormía en los brazos del hombre de Felipe, mientras yo no sabía qué hacer frente a ella. Sin embargo, se veía tan inocente, tan pura, demasiado pequeña para verse arrastrada a este conflicto. El deseo de tomarla en brazos me inquietó; alguna vez había sostenido su mirada clara mientras bebía la leche del biberón que yo misma le daba. En aquel momento, el odio y los celos se disiparon, pero otros acontecimientos me hicieron volver a no querer verla.
—¿Por qué la trajiste? —pregunté a Felipe con la voz entrecortada.
—Por supuesto, para convertirla en nuestra rehén. Tranquila, no voy a matarla —respondió Felipe con ligereza, sonriendo como si hubiera tenido una idea