Vecinas y madres.
Habían transcurrido unas horas cuando, inesperadamente, Isabella recibió una notificación de haber recibido un depósito en su cuenta personal y ni siquiera se fijó en el remitente; solo observo la suma depositada y sonrió satisfecha, aunque luego arrugó el entrecejo y frunció los labios prensándolo uno contra otro; gesto de incertidumbre.
—Qué confiado, cómo me hizo el pago antes de la firma— murmuró aún manejada por el asombro que le ha provocado.
Rin, rin, rin. Tres veces repicó el teléfono d