Kael.
Terminé de firmar unos documentos que me pidió Jack y los envolví en varias cartas para enviarlas a la ciudad. En eso, tocaron la puerta y tuve que abrirla.
Marcela pasó como perro por su casa, dejándome en shock.
—¡Kael! Necesito decirte algo muy importante —Juntó sus manos, le brillaban las iris—. Y no aceptaré un “no” como respuesta, porque se trata de mí.
Fruncí el ceño.
—¿Qué sucede? Por un segundo me habías asustado —resoplé, echando mi cabello hacia atrás.
Marcela solía ser u