Celeste.
—¡Toma esto, imbécil! —Golpeé fuertemente el pecho de Kael, y para mi suerte, retrocedió un paso.
Abrí tanto los ojos como la boca de felicidad al haber movido a ese enorme monstruo. Di varios saltitos de emoción.
—¡Lo logré! ¿Viste eso? Soy buenísima. No puedes negar que te moví de un golpe —Mostré el pequeño músculo de mi bíceps.
Kael sonrió, estando de brazos cruzados. Lo pensó durante unos segundos y finalmente asintió, dándome la victoria. Yo estaba sudando por todos lados, es