Kael.
Apoyé una mano sobre el escritorio de mi oficina, y con la otra acomodé el celular en mi oreja.
—Cuéntame, ¿cómo va todo? —pregunté, curioso por saber.
Jack estaba al otro lado de la línea. Siempre me hablaba de lo bien que le iba al bar, y que gracias a mí, él ha podido darle lujos a su familia.
—Kael, como te digo cada vez que me llamas, las ventas van de maravilla —comentó, sonaba un poco ronco—. Muchísimas mujeres quieren trabajar aquí porque saben lo bien que pagamos, pero ya tod