Luther.
—Mi amor, tienes esa panza enorme… —le dije.
Estaba acostado en la cama con Elise, nos tomábamos unos días de relajo antes de masacrar a otra manada, la de Kael, el tipo que me visitó hace un tiempo.
—¿Y qué? —Rodó los ojos—. Es normal, tonto. Estoy embarazada.
—Espero que cuando tengas al bebé, empieces a hacer ejercicio, porque te verás horrible con las estrías —Arrugué la nariz.
Era algo que me daba asco. Elise me golpeó el hombro con su puño y me lanzó una mirada amenazante.
—