Celeste.
El salón principal de la cabaña estaba irreconocible. Las paredes de madera estaban adornadas con guirnaldas de flores blancas y luces cálidas que colgaban como estrellas atrapadas. Las mesas estaban cubiertas con manteles blancos, platos de porcelana, copas brillantes y centros de mesa hechos con ramas de lavanda y eucalipto. Todo olía a dulces, a vino especiado y a felicidad.
Kael y yo estábamos sentados en la mesa principal, justo al frente del salón, con vista perfecta a todos los