Celeste.
La luna de miel… ese evento al que acudían todos los recién casados.
El viaje fue largo, pero no incómodo. Kael se aseguró de que todo estuviera preparado: desde la carreta acolchada con mantas suaves hasta los bocadillos que me había preparado él mismo (aunque juró que los había hecho el chef de la casa, yo sé que fue él… el sabor a quemado lo delataba).
No me dijo a dónde íbamos. Solo me pidió que confiara en él. Y lo hice. Con los ojos cerrados, el corazón abierto y los mellizos p