Celeste.
Faltaba poco para el anochecer y tenía que ir a la habitación de Kael debido a la aparición de la luna llena.
Mientras esperaba, me encontraba hablando con Samanta en una banca cercana a la cabaña de Kael.
—Sabes, cada noche tengo ese mismo sueño de cuando caí al río —comentó, viendo el cielo de tonos naranjas—. Es aterrador.
—Pronto dejarás de soñar con eso. Me pasó lo mismo al ver la muerte de mis padres… —confesé, cabizbaja—. Es un trauma que se queda durante un tiempo.
—¿Tus p