Luther.
—¿Cómo va el crecimiento del bebé? —pregunté, caminando junto a Elise hacia el sótano.
La manada logró capturar a un demonio bastante peculiar que llamó mi atención. Lo tenían encerrado en el calabozo y me encantaría hacerle una propuesta.
Sonreí de lado, pensando en las posibilidades que tendría de convertirme en el puto rey.
—Va bien… —murmuró Elise, cabizbaja.
Sobó su vientre.
—¿Qué sucede?
—No creo que sea buena idea —comentó, haciendo una expresión arrugada—. Puede ser pelig