Celeste.
La música volvió a sonar con suavidad cuando bajé de la tarima, aún con el corazón latiéndome en la garganta. El eco de los aplausos seguía vibrando en mis oídos, y la sonrisa de Kael… esa sonrisa, aún me sostenía por dentro.
Volví con mis chicas, que me esperaban cerca de una de las mesas decoradas con flores silvestres y dulces de colores.
Marcela tenía una copa de jugo en la mano y Nuria estaba comiéndose su tercer pastelito sin el menor remordimiento.
—¡Se lució! —exclamó Marcela