El sol filtrándose a través de las cortinas fue lo primero que sintió antes de abrir los ojos. La luz cálida y tenue acariciaba su piel, pero Eva tardó unos segundos en recordar dónde estaba. El aroma familiar de Alejandro la envolvía, junto con la sensación reconfortante de su respiración pausada a su lado.
Parpadeó lentamente, enfocando la vista en el techo antes de girarse con cuidado. Alejandro aún dormía, su rostro relajado, tan distinto al hombre de negocios implacable que solía ser ante