La mañana amaneció con una tensión casi eléctrica. El aire en los pasillos del Palacio de Justicia vibraba con una expectativa que se podía palpar. Eva Montenegro caminaba firme, vestida con un traje negro entallado que no solo resaltaba su porte, sino que dejaba en claro que no había llegado allí a pedir favores. Había llegado a luchar.
Su equipo legal la esperaba en la antesala, rodeados de carpetas, teléfonos que no dejaban de sonar y rostros concentrados. Pero era Eva quien cargaba con la v