El despacho de Eva estaba en penumbra cuando llegó esa mañana. Cerró la puerta tras de sí con una decisión silenciosa y se acercó al gran ventanal desde el que se veía parte del skyline de la ciudad. Las primeras luces del amanecer comenzaban a filtrarse entre los rascacielos, dibujando siluetas doradas sobre el horizonte urbano. Todo parecía en calma, pero Eva sabía que ese era solo el silencio antes del estruendo.
Respiró hondo, sintiendo cómo el aire frío de la mañana llenaba sus pulmones. S