El despertador sólo vibró. Eva lo había puesto en silencio porque no quería saltar con una alarma. Igual despertó antes. Había dormido poco; toda la noche estuvo pensando en papeles, transferencias y en qué haría Santiago al día siguiente.
Alejandro seguía dormido a su lado, medio tapado, boca entreabierta, pelo hecho un desastre. La abrazó casi sin despertar, como si temiera que ella se desvaneciera. No habían tenido sexo la noche anterior; estaban muertos. Pero él le había besado la muñeca y l