El día había pasado rápidamente, con las horas deslizándose entre montones de informes y reuniones cruciales. Eva se encontraba en su oficina, la luz tenue de la tarde invadiendo el espacio a través de los ventanales. Aunque su mente estaba constantemente centrada en los informes de la fundación, no podía dejar de pensar en lo que había descubierto sobre Santiago. La verdad que Carla le había confiado no solo era una revelación espantosa, sino que también le otorgaba un nuevo propósito.
Con las