Eva estaba sentada frente a su escritorio, la luz suave de la lámpara iluminaba los papeles dispersos a su alrededor. La sensación de estar sobrepasada no la abandonaba, pero sabía que este era el único camino para poder ganar la batalla contra Santiago. Con las manos firmes, ajustó la pantalla de su computadora y, una vez más, revisó el mensaje de Carla.
Era tarde, la ciudad ya había comenzado a dormir, y Eva seguía trabajando con la misma intensidad. Carla, la asistente de Alejandro, había sid