—¿Qué haces despierto? —preguntó Mateo.
—Mmh, tal vez porque las sirvientas me reportaron que faltaba Isadora, y cuando fui a tu habitación, tampoco estabas. Me resultó sospechoso —respondió Anthony, cruzado de brazos.
—¿Ahora nadie puede salir de la mansión sin tu permiso? —se mofó.
—Me gustaría que las sirvientas permanezcan en la mansión a toda costa.
—Eso es muy egoísta de tu parte, Anthony.
Mateo le tomó la mano a Isadora con la intención de protegerla de ese hombre. Ese simple gesto