79. Dime la verdad… ¿qué hiciste?
Mientras tanto, en los sueños inquietos de Rowan, una figura imponente se materializaba entre la niebla etérea que envolvía sus pensamientos. Un lobo blanco, de pelaje inmaculado como la nieve recién caída bajo la luz de la luna, lo observaba con una mirada profunda y sabia, penetrando la inocencia de su semblante infantil. Sus ojos eran idénticos a los de Rowan, espejos plateados que reflejaban la misma luz misteriosa, pero llenos de la sabiduría acumulada a lo largo de incontables siglos, de