78. Estás a salvo aquí.
Mientras tanto, en los aposentos del Alfa, los guardias montaban una vigilancia silenciosa ante la puerta, una barrera invisible destinada a impedir que Damián rompiera su encierro y acudiera en ayuda de su luna. Él, ajeno a su presencia constante, no podía dejar de caminar de un lado a otro, sus pasos marcando un ritmo frenético en un intento desesperado por aplacar los nervios que le roían por dentro. De vez en cuando, su andar se detenía bruscamente frente al lecho donde su hijo dormía con u