40.No podemos aceptar esto

El jardín estaba envuelto en la luz cálida del atardecer cuando Damián observó a Isolde acercarse a su hijo, agacharse y abrazarlo mientras le llenaba el rostro de besos. Aquella escena le hizo sonreír. Esa actitud, ese instinto maternal, lo llevaban a admirarla aún más. Y de algún modo, la sonrisa de aquel niño también lo hacía sentirse feliz. Era extraño. Debería estar celoso de un cachorro que no era suyo. En la antigüedad, los alfas podían incluso eliminar a los cachorros de otro macho si t
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