17. Te estás volviendo loco con esa hembra.
El viento frío de la montaña azotaba con fuerza aquella mañana, pero ni siquiera eso podía apagar el fuego que ardía en el pecho de Damián, un fuego que lo había consumido toda la noche, que lo había castigado y envenenado sin que pudiera apagarlo.
Sus pensamientos eran un caos devorador, un torbellino de imágenes que lo llevaban al borde de una locura de la que no sabía como salir. Cada vez que cerraba los ojos, podía verla, sentirla. Abigail, su hembra. Su futura Luna. Recordaba el cuerpo de