11. Necesito obsesionarlo conmigo.
La brisa fresca acariciaba la piel de Isolde mientras caminaba por el borde del claro, incluso con el riesgo de poder ser vista, aunque sabía de sobra que los vigías de Damián andaban en la búsqueda del cachorro misterioso y nadie de ese clan se atrevía a acercarse al claro que había supuesto la maldición de todos ellos.
El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rojos.
A lo lejos, veía a su pequeño cachorro jugando sin ser consciente de que él le había seguido la pist