106. Ya no soy un bebé, mamá.
Nadie entendía lo que había sucedido; Rowan parecía haberlos paralizado a todos. Era aterrador ese poder tan grande en un cachorro tan pequeño.
Algunos gruñían, otros intentaban transformarse; algunos terminaron cayendo de rodillas por el esfuerzo, pero ninguno podía mover un solo músculo.
El pequeño Rowan permanecía firme con la mano extendida hacia los lobos que parecían querer atacarlos, sus ojos plateados brillaban más que nunca y su expresión estaba muy lejos de ser la de un cachorro común