Capítulo 4.
-Debes levantarte, pequeña. - Dijo la señora Bib a mi espalda. - La manada te necesita y los enviados del Alfa Supremo preguntan cuál es nuestro sitio para celebrar funerales.
Había permanecido abrazando el cuerpo del lobo de mi padre hasta el anochecer. Mi pena era grande, pero ella tenía razón: Debía reponerme rápidamente por la manada.
Sequé mis lagrimas y levanté mi cuerpo agarrotado por la posición.
Giré y me encontré con ella tratando de abarcar a los cachorros temblorosos que se su