No sé en qué momento me quedé dormida, pero cuando abrí los ojos nuevamente, el día ya había comenzado. Hacía mucho tiempo que no experimentaba un sueño tan cálido y reconfortante, como si el mundo se hubiera detenido por un instante para darme tregua.
Shyla ya no estaba a mi lado. Me quedé absorta mirando el atardecer a través de la ventana; los tonos dorados y rosados pintaban el cielo con una belleza que parecía casi irreal. De repente, el sonido de pasos en el pasillo rompió la quietud, seg