—¿Interrumpo algo? —una voz risueña rompió la magia del momento, deshaciendo en un instante la burbuja que nos envolvía. Nos separamos de golpe, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso para compartirlo.
Mi mirada, cargada de temor, se dirigió hacia la puerta. Pero al reconocer a Arthur, mi pecho se relajó, aunque el rubor en mis mejillas no cedió.
Bastian carraspeó, incómodo.
—Este... no —balbuceó, poniéndose de pie con una rapidez casi cómica—. Yo ya me iba, debo... debo avisarle a S