Camino sin destino mientras las lágrimas caen una tras otra, formando un reguero salado que marca mi rostro como cicatrices invisibles. El eco de mis pasos resuena en la oscuridad de esta noche interminable, donde cada segundo se estira como una agonía eterna.
Miro mis manos, temblorosas y pálidas bajo la luz mortecina de la luna, las cuales están manchadas irreversiblemente.
Manchadas de sangre carmesí que parece brillar con una intensidad sobrenatural, un recordatorio cruel de lo que acabo de