Capítulo 36. Los perros son más confiables que las personas
Nicol bajó las escaleras corriendo para ver lo que quería mostrarle Ziola. Salieron a la rotonda que estaba para dar a la casa y allí vio un camión que estaba bajando cajas, frunció el ceño porque no entendía que tenía que ver eso con ella.
—¡Venga! No se quede allí parada como si nada —le dijo Ziola extendiendo la mano y Nicol volteó los ojos con impaciencia, no entendía tanto alboroto y éxtasis de la mujer.
Cuando Nicol se acercó, y abrió una de las cajas prácticamente obligada por la mujer,