28. ¿Por qué un niño llamaría tío a su padre?
Renata Wallace no recordaba la última vez que su despacho le había parecido pequeño.
El ventanal seguía mostrando la ciudad extendiéndose bajo sus pies, perfecta, obediente, sometida a decisiones que ella firmaba con una pluma estilográfica. Todo estaba en su sitio. Demasiado en su sitio. Y, aun así, algo no dejaba de rozarle la nuca como una corriente fría.
La pantera de cristal seguía sobre el escritorio.
Renata la observó durante varios segundos, los dedos apoyados en el mármol, sin tocarla.