21. Todavía me parece poco.
La puerta del despacho privado de Renata se cerró con un estruendo sordo, ahogando los murmullos del pasillo.
— ¿El veinte por ciento, Byron? — Renata se giró molesta — ¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? Le has entregado el timón de nuestro legado a una mujer que apareció ayer ¡Una quinta parte de nuestra sangre!
Byron se mantuvo de pie en el centro de la estancia, con las manos hundidas en los bolsillos. Su postura era rígida, pero sus ojos ya no reflejaban el miedo filial de antaño, re