13. Deja de pensarlo, Byron.
Byron seguía mirando hacia la carretera, el punto exacto donde hacía unos minutos se había perdido la limusina negra de Julian.
Su mente era una maraña enredada con cabos sueltos por todas partes.
Julian, el recuerdo persistente de su hermana a quien, a pesar de llevar siete años muerta, no había dejado de amar, y esa mujer misteriosa, pelirroja, que le hizo recordar recordar lo que era sentirse vivo otra vez.
— ¿Puedo saber qué demonios fue eso? — la voz de Sabrina lo sacó de su trance.
Ella