22. Es solo una cena de negocios.
El eco de los tacones de Elena sobre el mármol del vestíbulo era el único sonido que competía con el martilleo en el pecho de Byron. No podía dejarla ir. No cuando sentía que, por primera vez en años, el aire volvía a tener peso.
— Cena conmigo esta noche —soltó Byron al interceptarla cerca de los ascensores, aprovechando el breve instante en que los abogados se habían quedado atrás.
Elena se detuvo en seco. La invitación no sonó a ruego, sino a una necesidad mal disimulada que la hizo estremecerse. Antes de que pudiera responder, una sombra se interpuso entre ambos. Julián apareció ajustándose el reloj con una calma que rozaba el insulto.
— Nos vamos — sentenció Julián, colocándose frente a ella mientras fulminaba a Byron con la miradab— Mi clienta ha tenido suficiente "gestión de crisis" por hoy, Wallace.
— Es solo una cena de negocios — respondió Byron, apretando la mandíbula sin apartar los ojos de Elena — Si prefieres llamarlo así.
— Mañana será el momento de los negocios — cortó