—¿En serio? ¿Puede venir aquí?
—Esta es tu casa, ¿cómo podría negarte la convivencia con personas que claramente te hacen bien? —le señaló el rostro—. Te escuchabas animada hablando con ella, y supongo que puede traer un buen... ¿chismecito?
Ella asintió animada, con esa enorme sonrisa en el rostro.
—Hazlo. Si te sientes más cómoda organizando algo aquí, puedes hacerlo. Si quieres salir por un café o ir de compras, o un almuerzo, o lo que sea que te sirva, también hazlo.
—Gracias, Ares —indicó