—¡Eso ya lo sé, Melissa! —él la cortó con intensidad—. ¡Y es una idea estúpida la que estás haciendo crecer en tu cabeza si piensas que te busqué para reemplazarla, porque no hay nadie como ella! —Melissa tensó la mandíbula, pero Ares jadeó—. Y no lo digo de esa manera, por Dios, no lo digo de esa manera. Las dos son diferentes, las dos llegaron en momentos distintos de mi vida, y aunque se sienta terrible... ¡las amo a las dos, de diferentes maneras! —Melissa mantuvo sus ojos sobre él—. Pero n