—Pero es tu asistente, es tu mano derecha. Sé que ha trabajado contigo muchísimo tiempo.
—Doce años —Ares confesó con suavidad, viendo a su esposa—, y ciertamente ha sido... —sonrió—, ha sido genial. No se lo he dicho nunca, pero Gaspar ha estado en momentos muy críticos de mi vida. Empezó a trabajar antes del atentado —ella pasó saliva— y ha aprendido, así como se ha beneficiado. Y sí, es mi mano derecha, es en quien recaigo muchas responsabilidades, sobre todo ahora que me estoy permitiendo v