—Te voy a dejar igual al regresar.
—Adelante, colibrí. Serían las marcas que más hermoso me harían sentir.
Ella buscó su mirada, pero antes de volver al baño lo besó nuevamente. Las manos fuertes de su esposo la apretaron, dejando esa piel erizada, que, aun cuando había despertado adolorida y marcada, parecía no tener suficiente del hombre que delineó con su mirada. Para ese momento, Melissa se sabía profundamente enamorada de ese hombre, de su voz, de su altura, de su físico, pero, sobre todo,